La empresa aeroespacial SpaceX, bajo la dirección de Elon Musk, ha vuelto a intensificar la destrucción de satélites Starlink como parte de su estrategia de renovación tecnológica de la constelación. Un informe reciente presentado ante la Comisión Federal de Comunicaciones (FCC) de Estados Unidos reveló que hasta 260 unidades de satélites fueron incineradas intencionadamente al reentrar en la atmósfera terrestre durante los últimos meses.
Esta medida de desorbitación se llevó a cabo debido a la limitación de la vida útil de los satélites, que solo alcanza los cinco años, lo que obliga a SpaceX a renovar su flota periódicamente. Del total de satélites destruidos entre diciembre de 2025 y mayo de 2026, 176 unidades pertenecían a la primera generación, mientras que el resto correspondía a dispositivos de segunda generación. Hasta la fecha, se ha registrado que más de 1344 satélites Starlink han sido destruidos tras quemarse en la atmósfera terrestre.
A pesar de que la dirección garantiza que el proceso de incineración se completa sin dejar fragmentos peligrosos que puedan amenazar a la población en tierra firme, sectores académicos e investigadores ambientales han comenzado a mostrar inquietud. Varios investigadores advierten que la vaporización de los materiales satelitales en la atmósfera corre el riesgo de liberar emisiones de gases con el potencial de dañar la capa de ozono terrestre.
Estas preocupaciones han impulsado exigencias para que las autoridades competentes lleven a cabo una revisión exhaustiva del impacto ambiental de las actividades comerciales en el espacio exterior. Sin embargo, dicha evaluación se enfrenta a grandes desafíos debido a intereses geopolíticos y económicos. En la actualidad, la FCC incluso está considerando eximir a Starlink de la obligación de someterse a análisis de impacto ambiental para mantener la ventaja estratégica de Estados Unidos en el sector de la industria espacial global.