Las luces de circulación diurna (DRL, por sus siglas en inglés) se han convertido hoy en día en un componente esencial de los vehículos de cuatro ruedas modernos. Además de acentuar el carácter de diseño del fabricante, estas luces que permanecen encendidas durante el día se han transformado en un estándar de seguridad global crucial para el tráfico vial.
A diferencia de los faros principales, cuya función es iluminar el camino de noche, las DRL están diseñadas específicamente para aumentar la visibilidad del vehículo. Con su haz de luz, otros conductores pueden detectar más fácilmente la presencia del automóvil desde la distancia, lo que ha demostrado ser eficaz para reducir la tasa de accidentes, especialmente en cruces o durante climas con niebla o nublados.
El Director de Capacitación de Jakarta Defensive Driving Consulting (JDDC), Jusri Pulubuhu, explicó que esta tecnología no es una innovación nueva. Según su experiencia viviendo en el extranjero, las DRL ya se aplicaban comúnmente en diversos modelos de vehículos desde finales de la década de 1970. De hecho, a mediados de la década de 1990, esta función automática ya era un equipamiento de serie para muchos automóviles de fabricación japonesa en los Estados Unidos.
Históricamente, los orígenes de las DRL se remontan a 1977 a través de un prototipo de vehículo desarrollado por Saab para el mercado del norte de Europa. Este paso fue seguido por Volvo, que instaló oficialmente las DRL como característica de serie en el modelo Volvo 240 en 1984. La conciencia sobre la importancia de esta función cobró más fuerza después de que Canadá exigiera el uso obligatorio de las DRL en 1990, seguido posteriormente por la Unión Europea mediante una estricta regulación para automóviles de pasajeros nuevos desde 2011.