El papel de las cooperativas se considera necesario de expandir hacia el sector de la industria minera para mitigar los impactos negativos de la gestión ambiental de las grandes corporaciones. El presidente de la Asociación de Cuadros Socioeconómicos Estratégicos (AKSES), Suroto, enfatizó que el sector minero, de alto riesgo y gran capital, no es monopolio exclusivo de corporaciones privadas o multinacionales. Las cooperativas que cuentan con la capacidad gerencial y financiera adecuada tienen el mismo derecho constitucional de gestionar los recursos naturales del país.

Suroto ejemplificó el éxito de los Estados Unidos, donde las cooperativas han gestionado activamente el sector de la minería y la refinación de petróleo (refinery) con una gestión de riesgos madura desde la década de 1920. Esto demuestra que, con una gobernanza profesional, las cooperativas pueden competir en sectores de la industria pesada que tradicionalmente se han considerado exclusivos de las entidades capitalistas.

La participación de las cooperativas en esta industria extractiva se considera crucial para evitar la proliferación de malas prácticas mineras ('bad mining'). A diferencia de las corporaciones convencionales, que a menudo ignoran la seguridad ambiental para buscar la acumulación de ganancias para unos pocos accionistas ('shareholders'), las cooperativas defienden los principios de justicia social. La orientación de las cooperativas se basa en la creación de beneficios mutuos para todas las partes interesadas ('stakeholders'), especialmente para las comunidades locales que rodean las zonas mineras.

Además, el modelo de negocio cooperativo posiciona a la comunidad de las zonas aledañas a la mina no solo como espectadores, sino como miembros y copropietarios del negocio. Se cree que este enfoque inclusivo es capaz de minimizar los conflictos sociales y garantizar que los beneficios de la riqueza natural se distribuyan de manera justa para el bienestar sostenible de la comunidad local.