El monte Kawi, que se extiende en la frontera entre los distritos de Malang y Blitar, en Java Oriental, posee un perfil doble único. Además de ser conocido como un destino de senderismo con impresionantes panoramas naturales, esta montaña ha estado envuelta durante mucho tiempo por el estigma de ser un centro de prácticas de pesugihan (rituales para atraer riquezas). Este fenómeno atrae la atención del público, ya que a menudo se asocia con las esperanzas de unos pocos de obtener riqueza instantánea a través de rituales sobrenaturales.

Se dice que las raíces de esta creencia provienen de la larga historia vinculada a la zona. Se cree que el monte Kawi fue un lugar de hermitaño y meditación para grandes figuras de las épocas de los reinos de Kediri y del Antiguo Mataram, como Mpu Sindok. La presencia del Pesarean (complejo funerario) y del Keraton (palacio) en las laderas de la montaña refuerza aún más la narrativa sagrada que la comunidad considera un punto de encuentro entre la dimensión humana y el mundo oculto.

Las condiciones geográficas de la montaña, situada a 2551 metros sobre el nivel del mar, con densos bosques y niebla perpetua, contribuyen a crear una intensa atmósfera mística. Esta impresión espeluznante se fortalece con la aparición de relatos sobre experiencias extrañas vividas por los senderistas. Dicha percepción se vio agravada posteriormente por la viralización en redes sociales de una lista de precios para paquetes de selamatan (festines de bendición), que algunos consideraron parte de rituales transaccionales para obtener riqueza.

Por otro lado, líderes religiosos y administradores locales han reiterado que las actividades que tienen lugar allí son puramente prácticas de peregrinación y limosna. Esta postura contrasta radicalmente con la creencia popular que vincula dichas ofrendas con prácticas ocultistas. Aunque los líderes religiosos condenan el pesugihan como un acto de shirk (idolatría) que viola las normas espirituales, la atracción mística del monte Kawi no parece desvanecerse a los ojos de la sociedad.

Los gobiernos locales y los gestores turísticos intentan ahora cambiar esta narrativa negativa promoviendo el monte Kawi como un destino legítimo de turismo religioso y educativo. A pesar de que los residentes locales perciben claramente el impacto económico de las visitas de los peregrinos, el mayor desafío sigue siendo transformar la percepción pública para evitar que la gente continúe atrapada en mitos orientados a atajos económicos.