El desarrollo tecnológico se ha convertido hoy en un pilar fundamental para lograr una transición energética justa y equitativa en Indonesia. Este paso se considera crucial para alinear el objetivo de Cero Emisiones Netas (NZE) para 2060 con la consecución de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de 2030, garantizando al mismo tiempo la estabilidad del bienestar social y la preparación de la mano de obra en la era de la industria verde.
La urgencia de aplicar tecnologías respetuosas con el medio ambiente se planteó en el taller titulado "El futuro de la transición energética justa en Indonesia: Garantizar que ningún trabajador se quede atrás", celebrado en el Edificio del Rectorado del Campus MERR-C de la Universidad Airlangga (UNAIR). Este foro científico fue el resultado de una colaboración estratégica entre la Organización Internacional del Trabajo (OIT) Indonesia y el Centro de ODS de la UNAIR.
El profesor de la Facultad de Tecnología Avanzada y Multidisciplinaria (FTMM) de la UNAIR, Tahta Amrillah PhD, ponente en el evento, subrayó que la transición energética no debe desvincularse de la hoja de ruta de los ODS de 2030. Según él, todas las metas de los ODS están interconectadas para crear un desarrollo capaz de equilibrar de forma sostenible los aspectos sociales, económicos y de conservación de la naturaleza.
Indonesia cuenta con un enorme potencial gracias a sus abundantes recursos naturales y a sus bosques tropicales que funcionan como sumideros de carbono. Sin embargo, este potencial ecológico debe optimizarse con la ayuda de la tecnología moderna para que el ritmo de desarrollo económico nacional siga estando en consonancia con los esfuerzos de mitigación del cambio climático.
Diversos avances tecnológicos listos para apoyar esta transición incluyen el uso de energía solar, eólica, hidrógeno, biomasa y geotermia. También se está impulsando la aplicación de sistemas de monitoreo ambiental, tecnología de captura de carbono, así como innovaciones en materiales ecológicos en los sectores de la minería, la agricultura y la manufactura para reducir las emisiones y ahorrar energía.
No obstante, el éxito de esta transformación exige la preparación de un capital humano que se adapte a las industrias verdes. La colaboración intersectorial que involucre al gobierno, la academia, las empresas y la sociedad civil es clave para que los beneficios de esta transición energética se sientan de manera inclusiva, sin que ningún colectivo de trabajadores quede marginado.