Hasta ahora, la elección del tipo de deporte se ha basado generalmente en objetivos de condición física o en las tendencias de estilo de vida populares. Sin embargo, un nuevo estudio demuestra que los factores psicológicos, específicamente el tipo de personalidad de una persona, desempeñan un papel crucial a la hora de determinar el tipo de actividad física más adecuado y duradero.

Según el estudio publicado en la revista Frontiers in Psychology, la compatibilidad entre el carácter propio y el tipo de ejercicio físico puede ayudar a mantener una rutina de entrenamiento a largo plazo. La investigación evaluó a los participantes utilizando el modelo de personalidad de los Cinco Grandes (Big Five), que incluye extraversión, neuroticismo, amabilidad, apertura y responsabilidad.

Los resultados del experimento mostraron diferencias significativas en las preferencias entre los distintos tipos de personalidad. Las personas extrovertidas tienden a preferir los entrenamientos grupales de alta intensidad. Por el contrario, aquellos con altas puntuaciones en neuroticismo —o propensos a la ansiedad y el estrés— se sienten más cómodos haciendo ejercicio de forma privada sin supervisión, intercalado con suficientes intervalos de descanso.

Por otro lado, los participantes con un alto nivel de responsabilidad tienden a tener una condición física más integral. Este grupo suele estar motivado por la conciencia lógica de que el ejercicio aporta beneficios reales para la salud, lo que los hace más disciplinados a la hora de seguir un programa de acondicionamiento físico estructurado.

Los científicos destacan la importancia de un enfoque personalizado a la hora de recomendar actividad física, especialmente para las personas menos activas. Al adaptar el tipo de ejercicio en función de la personalidad, las personas pueden sentirse más motivadas para empezar a moverse de forma constante sin sentirse abrumadas por estándares de entrenamiento que no se adaptan a su estado psicológico.