El plan del expresidente Joko Widodo de realizar un safari político en 38 provincias para impulsar la votación del Partido Solidaridad de Indonesia (PSI) refleja una dinámica política única y desafiante. Esta medida ha desatado un debate sobre hasta qué punto la dependencia de un partido político de una figura central puede determinar el futuro de su organización en el escenario nacional.
Los observadores evalúan que esta estrategia resalta la dependencia sumamente fuerte del PSI hacia la figura de Jokowi. Como un partido que suele etiquetarse a sí mismo como un espacio para jóvenes y progresistas, el PSI parece tener dificultades para construir una base de apoyo independiente sin depender del atractivo individual. Esta personalización extrema de la política es considerada un obstáculo para una institucionalización del partido más saludable y meritocrática.
Esta situación se ve acentuada por las críticas sobre el proceso de liderazgo interno en el PSI, incluido el rápido nombramiento de Kaesang Pangarep como presidente general. La narrativa de estar 'alineados' con el expresidente sirve como el ancla principal del partido, lo que según los analistas, ignora la importancia de fortalecer la base ideológica y la formación de cuadros de base militantes y sostenibles.
Además, se avecinan grandes desafíos en este safari político debido a la pérdida de los instrumentos de poder estructural que antes poseía Jokowi mientras estaba en el cargo. Sin facilidades de políticas públicas ni control sobre los instrumentos del Estado, el esfuerzo por trasladar las bases de votantes tradicionales a un partido pequeño como el PSI se convierte en un desafío sumamente difícil. Las realidades electorales también registran que el PSI sigue luchando arduamente por superar el umbral parlamentario en varias elecciones generales anteriores.