El paradigma de que correr siempre es sinónimo de quedarse sin aliento y de un agotamiento extremo está empezando a cambiar. Una nueva tendencia de fitness procedente de Corea del Sur, llamada slow jogging, ofrece una alternativa de actividad física más ligera pero que sigue aportando importantes beneficios para la salud.
Técnicamente, el slow jogging se realiza a un ritmo muy relajado, de entre 3 y 5 kilómetros por hora. Esta velocidad es casi equivalente a la de una caminata a paso ligero, lo que permite a quienes lo practican mantener una conversación cómodamente sin quedarse sin aire a mitad del entrenamiento.
Aunque el movimiento parezca lento, diversos estudios médicos demuestran que este método es capaz de quemar energía de forma más óptima que la caminata habitual. Esta actividad activa de manera constante los grandes grupos musculares, especialmente en el área de los cuádriceps, la parte inferior de la espalda y los glúteos. Una eficacia de quema de calorías de hasta el doble convierte a este método en una opción popular para quienes desean centrarse en perder grasa abdominal.
Cabe señalar que este concepto no es una moda pasajera, sino el resultado de más de 40 años de investigación desarrollada por el difunto profesor Hiroaki Tanaka de la Universidad de Fukuoka, Japón. A través de este largo estudio, Tanaka formuló esta técnica de carrera suave como una solución de fitness sostenible y apta para personas de todas las edades.