Indonesia enfrenta actualmente serios desafíos en materia de gobernanza legislativa. La explosión en la producción de normas durante las últimas dos décadas, en lugar de fortalecer al Estado, ha creado un confuso fenómeno de hiperregulación. Sin un gran diseño integrado, las políticas que se promulgan a menudo operan de manera aislada, atrapadas en el egoísmo sectorial entre instituciones y gobiernos locales.
La situación sobre el terreno refleja una realidad contradictoria: administrativamente todo parece legal, pero en la práctica, los empresarios y la ciudadanía están atrapados en un laberinto burocrático. La falta de sincronización entre las regulaciones sectoriales y las directrices de los ministerios técnicos genera una clara incertidumbre jurídica. Este fenómeno demuestra que el Estado a menudo se debilita debido al cúmulo de normas que carecen de una dirección y un propósito claros.
Como instrumento estratégico, la regulación debería servir para mantener el orden y garantizar que se alcancen los objetivos constitucionales, y no ser una mera respuesta administrativa a problemas pasajeros. La calidad de los productos jurídicos no se mide por la cantidad, sino por la coherencia de las normas, la claridad de su orientación y la integración entre los reglamentos. Lamentablemente, el proceso de armonización actual sigue estando muy por detrás de la velocidad de producción normativa.
Esta condición exige un cambio de paradigma mediante la aplicación de una política regulatoria nacional integral. El Estado debe definir de manera consciente los límites: cuándo debe establecerse una norma y cuándo debe llevarse a cabo una simplificación. Con un diseño constitucional integrado, Indonesia puede evitar la fatiga normativa que ha frenado la innovación del personal estatal y provocado dudas en el mundo empresarial.
Este paso estratégico no es una mera reforma burocrática ordinaria, sino un esfuerzo fundamental para restaurar la esencia del Estado de derecho. Con una política regulatoria orientada, se espera que Indonesia sea capaz de proporcionar una certeza jurídica inclusiva y reducir el potencial de conflictos normativos que a menudo perjudican a la sociedad en general.