De cara al Mundial de 2026, muchas voces expresaron su preocupación por la integración de la inteligencia artificial (IA) en el fútbol. Sin embargo, en la realidad, la tecnología del Árbitro de Asistente de Video (VAR) se ha convertido en el tema de debate más encendido entre todas las innovaciones digitales a lo largo del torneo.
La tensión alcanzó su punto máximo tras el partido de octavos de final entre Argentina y Egipto. Un gol del jugador egipcio Mostafa Ziko fue anulado por el cuerpo arbitral después de que una revisión del VAR detectara una falta en la fase de ataque ocurrida unos 15 segundos antes de que se anotara el gol, lejos del área penal.
Un informe de The Wall Street Journal destacó que este incidente es una prueba evidente de cómo la intervención de la tecnología de repetición ha superado los límites de lo razonable. La decisión desató inevitables y enérgicas protestas por parte de Egipto, que consideró que la duración y el lapso de tiempo de la revisión alteraron la dinámica y la intensidad del juego en curso.
En respuesta a la derrota por 3-2, la Asociación Egipcia de Fútbol (EFA) presentó una protesta formal ante la FIFA respecto a la consistencia del árbitro François Letexier. El debate sobre los límites de la "fase de ataque" se ha convertido ahora en un tema crucial, dado que la regla todavía se percibe con una amplia zona gris en su aplicación sobre el terreno de juego.
La crítica fundamental al VAR se ha desplazado de la precisión de las decisiones al impacto sociológico en el fútbol. El uso de una tecnología que originalmente fue diseñada para corregir errores graves ahora se considera que reduce la esencia de la espontaneidad, retrasa las celebraciones de los aficionados y erosiona las emociones naturales que constituyen el alma del deporte más popular del mundo.