El ministro de Salud de Indonesia, Budi Gunadi Sadikin, enfatizó que construir una resiliencia sanitaria nacional e independiente es una condición indispensable para que Indonesia salga de la trampa del ingreso medio (middle-income trap). La declaración fue realizada durante una discusión de alto nivel sobre resiliencia sanitaria regional y global en la oficina del Consejo Económico Nacional (DEN), en Yakarta.
Al reflexionar sobre la experiencia de la pandemia de COVID-19, el ministro destacó la importancia de la autosuficiencia nacional en el suministro de vacunas y medicamentos. Actualmente, el gobierno continúa esforzándose por reducir la dependencia de la importación de productos sanitarios, que anteriormente superaba el 90 por ciento y se ha reducido paulatinamente al 70-80 por ciento. Entre las medidas concretas figura el procesamiento e industrialización local de 35 materias primas farmacéuticas dentro del país.
El gobierno también se está centrando en promover el gasto sanitario interno para generar nuevos puestos de trabajo. Uno de los proyectos estratégicos en marcha es la construcción de una planta de procesamiento de plasma sanguíneo en Karawang. Se prevé que esta instalación pueda producir albúmina e inmunoglobulina de forma autónoma a principios de 2027.
El presidente del DEN, Luhut Binsar Pandjaitan, respaldó las medidas del Ministerio de Salud como un esfuerzo estratégico para alcanzar la meta de crecimiento económico nacional del 7 al 8 por ciento. Se confía en que la integración de tecnología basada en inteligencia artificial (IA) hará que el ecosistema sanitario de Indonesia sea mucho más eficiente, transparente y altamente competitivo.
Para consolidar su posición estratégica, Indonesia está desarrollando actualmente su capacidad de producción de vacunas con el objetivo de convertirse en un centro de investigación en la región de la ASEAN. Mediante la elaboración del Plan de Acción Nacional para la Seguridad Sanitaria (NAPHS) 2025-2029, el gobierno se muestra optimista de que las inversiones en el sector de la salud generen un efecto multiplicador para la economía, incluyendo una contribución potencial del 5 al 6 por ciento al PIB nacional al aumentar la esperanza de vida de la población.