En medio de la avalancha de productos importados baratos y el cambio en las tendencias de compra hacia las plataformas digitales que ha derribado a muchas marcas locales, el nombre de Yongki Komaladi sigue manteniéndose firme. Al cumplir 70 años, este legendario diseñador y empresario del calzado aún no muestra signos de jubilación. Su dedicación a la industria nacional del calzado, que ya abarca cuatro décadas, demuestra que la consistencia y la adaptación son las claves principales para la supervivencia.

Antes de ser conocido como el maestro del calzado del país, Yongki comenzó su carrera en el mundo de la moda como modelo en la década de 1980. Al darse cuenta de que la carrera de modelo tiene un límite de tiempo, cambió de rumbo hacia el negocio del calzado con una alta determinación profesional. En lugar de hacerlo a medias, Yongki prefirió concentrarse en estudiar la construcción, los patrones y la anatomía de los pies del usuario, rechazando diversas ofertas comerciales fuera del calzado para convertirse en un especialista en su campo.

Durante su época dorada en la década de 1990, la marca Yongki Komaladi se convirtió en un símbolo del estilo de vida urbano a través de diseños que exploraban con audacia colores y materiales inusuales, como la piel de serpiente. El uso de su propio rostro como herramienta promocional también demostró ser eficaz para impulsar su marca, llegando a alcanzar los 400 puntos de venta en toda Indonesia, de los cuales hoy quedan alrededor de 300 tras la pandemia de COVID-19.

La crisis provocada por la pandemia de COVID-19 fue una de las pruebas más duras para la continuidad de su negocio. Sin embargo, en lugar de limitarse a salvar las ganancias personales, Yongki tomó una decisión audaz al permitir que sus socios de micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMEs) vendieran directamente sus productos con márgenes mínimos para mantener encendidos sus fogones. Para él, los negocios no consisten solo en obtener ganancias, sino en ser el sustento de unos 2.000 trabajadores que dependen de su cadena de producción.

Frente al desafío actual de la inundación de productos importados baratos desde China, Yongki opta por no quejarse. Por el contrario, estudia activamente a sus competidores visitando centros industriales en China, Vietnam e Italia, al tiempo que adopta plataformas digitales como TikTok y YouTube para mantener la relevancia de su marca ante las generaciones más jóvenes.