La conferencia AI for Good organizada por las Naciones Unidas (ONU) a través de la Unión Internacional de Telecomunicaciones (UIT) ha vuelto a ser el escenario del diálogo entre el sector público y el privado. Al entrar en su décimo año, este encuentro busca canalizar el papel crucial de la inteligencia artificial (IA) para resolver crisis globales, como el hambre y el cambio climático. Sin embargo, detrás de esta ambición idealista, surge un desafío fundamental con respecto a la falta de consenso global sobre los parámetros del "bien" en el desarrollo tecnológico.
La Secretaria General de la UIT, Doreen Bogdan-Martin, enfatizó que el potencial de la IA solo se puede optimizar si se utiliza de manera responsable. Sin embargo, el escepticismo continúa saliendo a la superficie en la convención. Los profesionales del ámbito humanitario expresaron duras críticas advirtiendo a las organizaciones públicas que no dependan en exceso de las grandes corporaciones tecnológicas. Se considera que esta dependencia corre el riesgo de erosionar la transparencia y ampliar la brecha digital, especialmente si los estándares éticos se ven como una mera formalidad sobre el papel.
La problemática no se detiene en la ética, sino que se extiende al acceso a la infraestructura. Los expertos destacaron que el dominio de los grandes modelos de lenguaje (LLM) basados en inglés y concentrados en el eje EE. UU.-China-Europa corre el riesgo de marginar a los países en desarrollo. Syed Munir Khasru, del Instituto de Políticas, Abogacía y Gobernanza, enfatizó que la IA debería verse como una herramienta de desarrollo de infraestructura para todos, y no como una mercancía exclusiva para un puñado de corporaciones.
En un esfuerzo por cerrar la brecha entre las políticas y la implementación técnica, han surgido llamados para crear un "middleware", una capa de conexión capaz de traducir los principios de los derechos humanos en código y estándares técnicos verificables. Este paso se considera urgente para que las evaluaciones del impacto de la IA no se conviertan en un simple "teatro de gobernanza" sin acciones concretas.
Como medida estratégica, la ONU ha creado una comisión especial que involucra a líderes de diversos sectores, incluidos el gubernamental y el industrial. Sin embargo, la realidad sobre el terreno demuestra que el ritmo de la innovación en robótica y algoritmos supera con creces la capacidad humana para formular marcos regulatorios. La cumbre sirve como recordatorio de que, detrás de la exhibición de tecnología avanzada, la urgencia principal es colocar los valores humanos como el pilar fundamental por encima de la velocidad del propio desarrollo.