El volcán Anak Krakatoa, que se yergue majestuoso en el estrecho de Sonda, ha vuelto a llamar la atención del público con respecto a la seguridad de la zona para los turistas. Una larga historia nacida de los restos de la catastrófica erupción de 1883 convierte a esta montaña en un laboratorio natural dinámico, pero que también alberga un alto riesgo volcánico.
Desde julio de 2026, el Centro de Volcanología y Mitigación de Riesgos Geológicos (PVMBG) ha elevado oficialmente el estado de actividad volcánica del Anak Krakatoa del Nivel II (Vigilancia) al Nivel III (Alerta). Esta decisión se tomó tras un aumento en la intensidad de las erupciones que lanzaron columnas de ceniza a cientos de metros de altura, por lo que las autoridades establecieron una zona de exclusión de 3 kilómetros desde el centro del cráter.
Esta restricción no es un simple consejo, sino un protocolo de seguridad absoluto para evitar amenazas potenciales como flujos piroclásticos, proyección de material volcánico y el riesgo de un tsunami como el ocurrido en 2018. El gobierno enfatizó que cualquier violación de este radio de seguridad puede poner en peligro la vida de la comunidad, los pescadores y los turistas que se aventuren a acercarse.
Además de la amenaza de erupción, la zona ostenta el estatus de Reserva Natural bajo la gestión de la Agencia de Conservación de Recursos Naturales (BKSDA). Con este estatus, el Anak Krakatoa no es un destino turístico abierto al público. El acceso se otorga de manera limitada únicamente con fines de investigación, educación y conservación, mediante estrictos trámites de permisos oficiales.