Los esfuerzos para librarse del yugo de la nicotina cuentan ahora con un respaldo científico más sólido. Un estudio integral realizado por expertos de la Universidad de Adelaida concluye que el ejercicio no es simplemente una actividad para la condición física, sino una herramienta eficaz en los programas para dejar de fumar.
En el estudio publicado en la revista Journal of Sport and Health Science, el equipo de investigación realizó un análisis exhaustivo de 59 ensayos controlados aleatorizados que involucraron a más de 9.000 participantes. Los resultados mostraron que las personas físicamente activas tenían un 15 por ciento más de probabilidades de mantener una abstinencia a largo plazo, y un 21 por ciento más de probabilidades de estar libres de humo en un periodo de una semana, en comparación con quienes no siguieron un programa de ejercicios.
Los hallazgos técnicos también señalaron que una sola sesión de ejercicio físico puede mitigar instantáneamente los deseos de fumar durante un lapso de 30 minutos. De manera acumulativa, el hábito del ejercicio regular puede incluso reducir el consumo diario promedio en hasta dos cigarrillos. La profesora Carol Maher, investigadora principal del proyecto, enfatizó que el ejercicio funciona como un apoyo vital para los métodos de intervención médica convencional, como el asesoramiento o la terapia farmacológica.
Teniendo en cuenta los datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que atribuyen al tabaco siete millones de muertes prematuras al año, la integración del ejercicio en los programas de salud pública resulta fundamental. Actualmente, los investigadores están explorando el potencial de la actividad física como un apoyo estratégico para ayudar a las personas adictas a los cigarrillos electrónicos o al vaping a dejar el hábito.