El gobierno está impulsando el programa de Cooperativas Rurales/Urbanas Rojo y Blanco (KDMP) con un ambicioso objetivo de crear 81.738 unidades. Con el respaldo de préstamos de capital de entre 3.000 y 5.000 millones de IDR por unidad, este programa representa una de las mayores intervenciones fiscales de la última década con el fin de promover la equidad económica en las zonas rurales.

Sin embargo, surgen desafíos reales cuando se exige a las KDMP ingresar al sector minorista. El fenómeno del cierre de tiendas minoristas modernas en varias regiones a la par del despliegue de este programa ha generado preocupación sobre la preparación de gestión de las cooperativas. Los minoristas modernos como Indomaret y Alfamart cuentan con una ventaja competitiva basada en cadenas de suministro masivas, sistemas ERP avanzados y estrictos procedimientos operativos, difíciles de igualar por nuevas entidades sin ventajas sistémicas.

Si se las fuerza a competir directamente, las KDMP corren el riesgo de enfrentar dificultades operativas. Además, los intentos de cerrar tiendas minoristas existentes mediante regulaciones corren el riesgo de crear un vacío en los servicios públicos y una ola de despidos a nivel local, lo cual resulta contraproducente para la economía rural.

Considerando los principios fundamentales de las cooperativas en la Ley N.º 25 de 1992, la esencia de una cooperativa debería nacer de las necesidades reales de sus miembros y no del mero cumplimiento de metas masivas de creación institucional. Dado que los datos del Ministerio de Cooperativas y PYMES muestran que el 51 por ciento de las cooperativas están actualmente inactivas, resulta crucial realizar una evaluación profunda del modelo de negocio de las KDMP.

Como punto medio, se aconseja al gobierno priorizar esquemas de asociación. Las KDMP podrían actuar como subdistribuidoras o agregadoras de productos locales dentro de las cadenas de suministro minoristas modernas. Además, la diversificación de modelos de negocio basados en el potencial local —como el desarrollo de almacenes, instalaciones poscosecha o servicios— se considera más sostenible que forzar a todas las unidades a convertirse en minimercados.