En la era de los saltos tecnológicos exponenciales, la presencia de diversos dispositivos inteligentes, inteligencia artificial y dispositivos de salud digital suele verse como la solución definitiva. Sin embargo, una reflexión fundamental suele pasar desapercibida para el público: ¿para quién está diseñada toda esta tecnología avanzada? En realidad, la comodidad de la que disfruta la mayoría de la gente suele convertirse en un gran obstáculo para que los grupos vulnerables, como las mujeres con discapacidad y los ancianos, realicen sus actividades cotidianas de forma independiente.
Los esfuerzos por romper estas barreras están empezando a surgir a través de innovaciones locales con vocación de solución. Una de ellas es REKAT, un sujetador inclusivo creado por estudiantes de la Universidad de Indonesia que utiliza cierres magnéticos en la parte delantera. Este innovador diseño proporciona un espacio de independencia muy significativo para que las mujeres con movilidad motriz limitada puedan vestirse sin tener que depender de la ayuda de otros, al tiempo que preserva la privacidad de su cuerpo.
Una innovación similar se muestra a través del proyecto 'Hear in Hijab', una solución tecnológica para mujeres sordas que usan hiyab. Al integrar un micrófono inalámbrico en un broche para hiyab, se puede superar la barrera de la atenuación del sonido causada por la tela que cubre la cabeza, sin obligar a las usuarias a cambiar su forma de vestir. Ambos ejemplos demuestran que la mejor tecnología nace de una profunda empatía hacia las necesidades específicas que durante mucho tiempo han sido ignoradas por el concepto de usuario predeterminado (default user).
En la teoría del diseño moderno, cada vez es más urgente aplicar un enfoque que haga hincapié en la justicia del diseño (design justice). Bajo el principio fundamental del movimiento mundial de las personas con discapacidad, 'Nada sobre nosotros sin nosotros' (Nothing About Us Without Us), los grupos vulnerables ya no deben ser posicionados únicamente como objetos de investigación o consumidores pasivos. Son poseedores de experiencias reales que deben participar activamente desde las primeras fases de formulación de ideas hasta las pruebas del producto.
Desde la perspectiva de la justicia social y los valores religiosos, la provisión de esta accesibilidad tecnológica coincide con el principio de mubadalah (reciprocidad), que defiende la igual dignidad de los seres humanos. Además, los esfuerzos por reducir las dificultades de la vida para los demás (raf' al-ḥaraj) son una aplicación real de los objetivos de la ley islámica (maqāṣid al-syarī'ah). En última instancia, el éxito de una innovación no se mide por la complejidad del sistema de algoritmos utilizado, sino por la capacidad de esa tecnología para humanizar a sus usuarios.