En lo profundo de las montañas rocosas de la provincia de Isfahán, en Irán, se encuentra una misteriosa instalación subterránea que despierta la preocupación mundial. Conocido como monte Kapak (Kuh-e Kolang Gaz La), se afirma que este sitio de defensa posee una protección extraordinaria que lo hace casi imposible de penetrar, incluso para las bombas antibúnker más avanzadas del ejército de los Estados Unidos.
Ubicada a unos dos kilómetros del complejo de enriquecimiento de uranio de Natanz y a 220 kilómetros al sur de Teherán, la instalación se encuentra presuntamente a una profundidad de al menos 100 metros bajo una capa muy gruesa de roca de granito. El análisis de imágenes satelitales muestra que la construcción de esta área de un kilómetro cuadrado comenzó a finales de 2020, tras un presunto incidente de sabotaje cibernético que dañó previamente la instalación de Natanz.
Teherán insiste en que el complejo está diseñado específicamente como un centro de ensamblaje de centrifugadoras de última generación para su programa de energía. Sin embargo, los servicios de inteligencia de Estados Unidos e Israel sospechan que la existencia de estos túneles gigantes es una ubicación alternativa para trasladar en secreto las actividades de enriquecimiento de uranio de alto nivel y así evadir la vigilancia internacional.
Las tensiones aumentaron aún más tras el estallido del conflicto geopolítico que involucró a EE. UU., Israel e Irán a principios de 2026. El presidente de EE. UU., Donald Trump, lanzó abiertamente amenazas militares dirigidas a la zona, afirmando que Washington sigue vigilando cada movimiento y posible traslado de material nuclear al interior del monte Kapak.
En respuesta a estas advertencias, el Ministerio de Relaciones Exteriores de Irán negó categóricamente cualquier actividad nuclear ilegal en el lugar. La parte iraní insistió en que todos sus programas nucleares se desarrollan de manera transparente bajo la supervisión del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA), al tiempo que acusó a EE. UU. de utilizar el asunto del monte Kapak únicamente como pretexto para justificar actos de agresión y sabotaje.
Varias instituciones de investigación estratégica, incluido el Instituto para la Ciencia y la Seguridad Internacional (ISIS), consideran que destruir este búnker mediante ataques aéreos sería sumamente difícil debido a su robusta estructura de defensa natural. Los analistas estiman que inhabilitar la instalación probablemente requeriría una operación terrestre directa, dado que la protección física del monte Kapak supera la capacidad de penetración de las ojivas antibúnker convencionales actuales.