El debate sobre el mejor momento para hacer ejercicio —ya sea al amanecer o al atardecer— a menudo se reduce a una preferencia personal. Sin embargo, estudios científicos recientes ofrecen una respuesta más sustancial: la efectividad del ejercicio físico para la salud cardiaca depende en gran medida del cronotipo o reloj biológico natural de cada persona.
Un estudio en el que participaron 150 personas de entre 40 y 60 años con riesgo de enfermedad cardiovascular reveló hallazgos interesantes. Durante 12 semanas, los participantes que realizaron actividad física —una caminata a paso ligero de 40 minutos— de acuerdo con su reloj biológico mostraron una mejora mucho más óptima en la salud del corazón en comparación con aquellos que entrenaron fuera del horario natural de su cuerpo.
El Dr. Arsalan Tariq, de la Universidad de Lahore, enfatizó que el momento de realizar el ejercicio es tan crucial como la intensidad y la duración de la actividad. Se sabe que la sincronización entre la actividad física y el ritmo circadiano del cuerpo mejora la eficiencia del sistema cardiovascular, estabiliza la producción de hormonas y mejora la calidad general del sueño.
En la misma línea, el cardiólogo Dr. Cheng-Han Chen destacó la importancia de mantener el equilibrio del ritmo circadiano para prevenir los riesgos de hipertensión y obesidad. El ejercicio realizado a tiempo funciona como una señal biológica que refuerza el ritmo interno, lo que permite al cuerpo regular el ritmo cardíaco y el metabolismo con mayor precisión.
Por lo tanto, la clave principal para mantener la salud cardiaca no radica en elegir una hora específica considerada ideal en general, sino en la constancia adaptada a los patrones naturales del cuerpo. Para quienes se sienten más en forma por la mañana, hacer ejercicio al salir el sol es la opción correcta, mientras que los nocturnos no deben dudar en mantenerse activos por la tarde o la noche para lograr los máximos resultados de salud.