La escalada del conflicto entre Estados Unidos-Israel e Irán está comenzando a tener un impacto significativo en el panorama empresarial de la región del Golfo Arábigo. Al inicio de la publicación de los informes financieros del segundo trimestre de 2026, varias corporaciones gigantes en Arabia Saudita, los Emiratos Árabes Unidos, Omán y Qatar muestran marcadas disparidades de rendimiento debido al aumento de la volatilidad geopolítica.

La geografía se ha convertido en el principal factor determinante para la resiliencia económica de los países de la región. La dependencia del estrecho de Ormuz como ruta logística clave ha dividido la suerte económica en dos polos. Se informa que Arabia Saudita y Omán han podido mantener la estabilidad de su rendimiento gracias a que disponen de accesos alternativos fuera de la ruta de bloqueo, a diferencia de los Emiratos Árabes Unidos (EAU), Qatar y Kuwait, que se enfrentan a una contracción logística debido a la suspensión de las operaciones de los buques cisterna.

Detrás de estas tensiones, el sector energético registró un aumento significativo en sus ganancias. El incremento del precio del crudo Brent hasta alcanzar un promedio de 114 dólares por barril compensó con creces las interrupciones en los volúmenes de distribución. Además, el cambio en el comportamiento de los consumidores, que pasan más tiempo en casa, impulsó el crecimiento del sector de servicios digitales, como las aplicaciones de entrega de comida a domicilio, cuyas acciones subieron hasta un 60 por ciento en tres meses.

Por el contrario, los sectores inmobiliario y bancario de la región atraviesan un período difícil. La disminución del flujo de expatriados y la desaceleración del turismo internacional han afectado directamente a las ventas de viviendas en Dubái y Abu Dabi. Grandes empresas inmobiliarias como Emaar y Aldar incluso han tenido que posponer el reparto de dividendos para asegurar su liquidez.

El sector bancario también ha sufrido el impacto negativo, con una caída de la rentabilidad debido al debilitamiento de las transacciones comerciales internacionales y del uso de tarjetas de crédito para viajes al extranjero. No obstante, los analistas de mercado siguen confiando en que los fundamentos corporativos en Oriente Medio son lo suficientemente sólidos como para resistir los impactos a largo plazo, gracias a las fuertes reservas de capital de cada empresa.