El deseo del presidente Prabowo Subianto de que la selección nacional de Indonesia logre clasificarse para la fase final de la Copa Mundial de la FIFA ha desatado un profundo debate sobre los factores determinantes del éxito deportivo nacional. Desde la perspectiva de la economía industrial, los logros en el terreno de juego no son hechos aislados, sino que se apoyan en la base de la prosperidad económica y la calidad general del desarrollo humano.

Un enfoque científico para comprender este fenómeno puede remitirse al paradigma de Estructura-Conducta-Resultado (SCP, por sus siglas en inglés), comúnmente utilizado en economía industrial. En el contexto de la industria del deporte, el componente de 'estructura' abarca la calidad de las regulaciones y las competiciones de las ligas; la 'conducta' se relaciona con la formación de jóvenes y la aplicación de las ciencias del deporte; mientras que el 'resultado' se refleja directamente en los logros de la selección nacional en el escenario global.

Los datos de los países participantes en las fases de eliminación directa de la Copa del Mundo muestran un fuerte dominio de los países miembros del G7 y el G20. Los países con un elevado Producto Interno Bruto (PIB) tienen una mayor capacidad fiscal para invertir en infraestructuras deportivas avanzadas, financiar academias de fútbol base y gestionar ligas profesionales financieramente saneadas.

Además de los factores económicos, los niveles de alfabetización de la población, medidos a través de indicadores internacionales como PISA, TIMSS y PIRLS, también muestran una correlación significativa. Las naciones que dominan las fases de eliminación directa suelen contar con sistemas sólidos de educación básica, lo que de forma indirecta forma atletas con capacidad de pensamiento crítico, alta disciplina e inteligencia táctica en el campo.

Aunque existen algunas excepciones en las que países de bajos ingresos logran llegar a la fase de eliminación gracias al talento natural, la sostenibilidad de los logros a largo plazo sigue estando dominada por economías consolidadas. Esto demuestra que formar una selección nacional competitiva requiere una planificación estructurada del ecosistema y una inversión a largo plazo, en lugar de depender únicamente del talento inmediato.

Para el sudeste asiático, y en particular para Indonesia, la posibilidad de coorganizar una futura Copa del Mundo puede ser un excelente motor de aceleración. Sin embargo, esta gran ambición debe ir acompañada de un crecimiento económico inclusivo y de una mejora en la calidad de la educación nacional, de modo que Indonesia no solo tenga éxito como organizador, sino que también sea capaz de competir al más alto nivel mundial.