La Generación Z se encuentra hoy en la vanguardia del desarrollo nacional. Sin embargo, crecer en una era digital de ritmo acelerado los expone a presiones psicológicas complejas. El uso descontrolado de las redes sociales a menudo desencadena ansiedad, depresión y una disminución de la autoestima debido al fenómeno de la comparación social.

La magnitud de este problema no es menor. La Encuesta Nacional de Salud Mental de los Adolescentes de Indonesia (I-NAMHS) reveló que alrededor del 34,9 por ciento de los adolescentes del país sufrieron trastornos de salud mental en el último año. A nivel mundial, la Organización Mundial de la Salud (OMS) también señala que al menos uno de cada siete adolescentes se enfrenta a desafíos similares, lo que lo convierte en un problema crucial que requiere un abordaje sistemático.

Lamentablemente, en medio de esta urgencia, la sociedad todavía suele etiquetar los trastornos mentales como el resultado de una falta de fe o de devoción. Este juicio unilateral a menudo hace que las víctimas se sientan culpables y se muestren reacias a buscar ayuda profesional. En realidad, la salud mental se ve influenciada por muchos factores, que van desde aspectos biológicos hasta presiones socioambientales.

En este contexto, la ciencia y la religión no deberían contraponerse. La perspectiva islámica enseña la importancia de preservar la salud mental (hifz al-nafs) como parte de los objetivos de la ley islámica (maqashid al-shariah). Consultar a un psicólogo o psiquiatra es una forma de esfuerzo real (ikhtiar) muy recomendada, que complementa los enfoques espirituales como el dhikr (recuerdo de Dios) para calmar la mente.

Se espera que una sinergia armoniosa entre la ciencia y la fe pueda formar a una generación joven que no solo sea resiliente emocional e intelectualmente, sino también fuerte en lo espiritual. Abordar este problema requiere la participación activa de las familias, las instituciones educativas y el gobierno para crear un ecosistema de apoyo libre de estigmas.