Ante el desafío del constante aumento de las temperaturas globales y la frecuencia cada vez más extrema de las olas de calor, las estrategias de adaptación climática mediante tecnologías de refrigeración pasiva se han vuelto urgentes. La dependencia excesiva de los sistemas de aire acondicionado (AA) ya no se considera una solución única y sostenible, dado su impacto significativo en el aumento del consumo eléctrico y las emisiones de gases de efecto invernadero.
Mat Santamouris, experto en estrategias de mitigación del calor urbano de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW) en Sídney, destaca que, aunque el aire acondicionado es vital para la seguridad durante condiciones climáticas extremas, su uso descontrolado en realidad empeora el fenómeno del calentamiento urbano. El experto recalca la necesidad de un cambio de paradigma en el que los edificios se diseñen de manera que puedan mantener temperaturas frescas de forma naturaleza sin depender por completo de sistemas mecánicos.
En una revisión científica publicada en Nature Reviews Clean Technology, Santamouris describe varias innovaciones en refrigeración pasiva, como materiales de refrigeración radiativa, sistemas de ventilación inteligente y tecnologías infrarrojas inteligentes. Se afirma que la implementación de estas tecnologías puede reducir las temperaturas máximas en zonas urbanas hasta en 4,5 grados Celsius, mejorando al mismo tiempo el confort térmico de sus habitantes.
La estrategia más eficaz, según el estudio, es evitar desde un principio que el calor entre en los edificios mediante un diseño arquitectónico que responda al clima. Al integrar elementos de sombreado y materiales reflectantes, se prevé que la demanda de energía para la refrigeración de espacios pueda reducirse hasta en un 80 por ciento. Este enfoque no solo disminuye la carga sobre la red eléctrica, sino que también aumenta la resiliencia de los edificios frente a futuros apagones.