La Federación Internacional de Fútbol Asociación (FIFA) ha cancelado oficialmente los planes para vender una participación parcial en una nueva unidad de negocio comercial proyectada para gestionar torneos internacionales, incluida la Copa del Mundo. Esta medida se tomó tras una ola de rechazo por parte de varias federaciones regionales de fútbol, especialmente la Unión de Asociaciones Europeas de Fútbol (UEFA), que temían un cambio en el rumbo de la gobernanza del fútbol mundial.
Anteriormente, la FIFA había diseñado la creación de una nueva entidad comercial valorada en aproximadamente 20.000 millones de dólares. A través de este esquema, el organismo rector del fútbol mundial pretendía vender el 20 por ciento de sus acciones a inversores privados con el fin de recaudar 4.200 millones de dólares en fondos frescos. Sin embargo, el plan desató la polémica desde el primer momento en que se dio a conocer.
La UEFA fue la entidad que más firmemente se opuso a la propuesta. La asociación europea de fútbol consideró que la entrada de capital privado en la gestión de los activos comerciales de la Copa del Mundo corría el riesgo de erosionar la independencia de la organización y de abrir la puerta al dominio de intereses puramente comerciales que ignoran los valores de la deportividad.
Ante la firme oposición, el presidente de la FIFA, Gianni Infantino, decidió finalmente no seguir adelante con la propuesta. Infantino subrayó que la prioridad actual de la organización es mantener la integridad de la comunidad futbolística mundial en lugar de imponer políticas que provoquen división.
"Tras escuchar diversas opiniones, quedó claro que esta propuesta en realidad generaba divisiones que ya no se alinean con nuestros objetivos originales. Nuestro objetivo principal es unir y desarrollar el fútbol, por lo que se ha decidido no seguir adelante con este plan", declaró Infantino en un comunicado oficial el sábado (1/8/2026).
Este plan de comercialización también desencadenó tensiones internas en la FIFA. El asesor principal de la presidencia, Carlos Cordeiro, optó por dimitir en señal de protesta contra una política que consideraba perjudicial para el futuro del fútbol. También expresó sus críticas el director de operaciones de la FIFA, Kevin Lamour, quien lamentó la deficiente comunicación interna en el proceso de elaboración de la política.
Las críticas se extendieron incluso al ámbito político. El primer ministro británico, Andy Burnham, también lanzó duras críticas contra el rumbo de la política de la organización y cuestionó la credibilidad del liderazgo de Infantino dentro de la FIFA. Con esta cancelación oficial, se confirma que la FIFA mantendrá el control total, sin la interferencia de inversores privados, sobre los derechos comerciales de todas las competiciones bajo su tutela.