Tener un gato ya no es solo un pasatiempo para los amantes de los animales. Se ha demostrado científicamente que la presencia de estos animales de pelaje suave tiene un impacto psicológico significativo, convirtiéndolos en compañeros leales capaces de aportar tranquilidad en medio de una ajetreada rutina diaria.

Según la psicóloga colegiada Dr. Juli Fraga, PsyD, el primer beneficio de tener un gato es su capacidad para desencadenar emociones positivas. Interactuar directamente con un gato doméstico puede aumentar la alegría y la felicidad, lo que ayuda notablemente a mejorar el estado de ánimo de su dueño tras las actividades diarias.

Además, la presencia de un gato desempeña un papel importante en la reducción de la ansiedad. Actividades sencillas como acariciar el pelaje de un gato o escuchar su ronroneo característico proporcionan un efecto relajante y tranquilizador. Esta sensación de cercanía con una mascota se convierte en un mecanismo de defensa natural para quienes a menudo sienten una preocupación excesiva.

La Dr. Fraga también destaca que tener la responsabilidad de cuidar a un gato puede proporcionar una motivación vital más estructurada. Las necesidades básicas de un gato, como el horario de alimentación, obligan al dueño a mantenerse disciplinado al comenzar el día. Esta rutina suele tener un impacto positivo, motivando al dueño a cumplir con otras responsabilidades en su vida cotidiana.

Aunque tener un gato no sustituye el tratamiento médico ni la terapia profesional para quienes padecen problemas graves de salud mental, la presencia de una mascota sigue siendo un apoyo muy beneficioso para mantener el equilibrio emocional y la estabilidad mental de una persona.