Un estudio exhaustivo publicado por UNICEF en colaboración con el Centro de Derechos del Niño y Empresas destaca una gran brecha entre la retórica pública de las empresas y la realidad operacional en materia de protección infantil. Aunque más del 70 por ciento de las empresas de nueve países asiáticos, incluido Vietnam, declaran públicamente su compromiso con los derechos humanos, la implementación concreta para identificar y medir el impacto empresarial en los niños sigue siendo muy escasa.

Las conclusiones del estudio, que abarcó 1.399 empresas, muestran que los niños, que representan un tercio de la población de la región, a menudo son pasados por alto en los informes de sostenibilidad. En Vietnam, 109 empresas que cotizan en la Bolsa de Valores de Ho Chi Minh (HOSE) y de Hanói (HNX) obtuvieron una puntuación media de 57 sobre 260 puntos. Esta cifra queda muy por detrás de la media regional de 77,7 puntos, lo que indica que la integración de los derechos de la infancia en los marcos ESG (Ambientales, Sociales y de Gobernanza) se encuentra aún en fase embrionaria.

Los datos empíricos revelan una paradoja llamativa: mientras que el 83 por ciento de las empresas informa puntualmente sobre iniciativas comunitarias dirigidas a la infancia, solo el 1 por ciento evalúa seriamente el impacto de sus operaciones en el bienestar infantil. Además, cuestiones cruciales como la protección contra el trabajo infantil y las prácticas de marketing responsable reciben escasa atención, y solo una pequeña proporción de empresas cuenta con políticas transparentes sobre mecanismos de reclamación en sus cadenas de suministro.

Silvia Danailov, representante de UNICEF en Vietnam, enfatizó que la filantropía por sí sola no es suficiente. Las empresas deben integrar los derechos de los niños en su gobernanza central para mitigar riesgos de manera eficaz, reforzar la confianza de los inversores y garantizar una fuerza laboral futura más cualificada y adaptable. Estos esfuerzos se consideran fundamentales a medida que las normas internacionales de presentación de informes sobre desarrollo sostenible se vuelven más estrictas en muchos países asiáticos.

Como recomendación estratégica, UNICEF insta a un cambio de paradigma: pasar de meros compromisos administrativos a acciones concretas. Esto incluye la participación activa de los gobiernos en la regulación de normas empresariales respetuosas con la infancia, así como la exhortación a los inversores para que conviertan los derechos del niño en una variable clave en las calificaciones ESG. Al situar a los niños en el centro de la toma de decisiones, se espera que las empresas puedan construir un ecosistema económico más inclusivo y sostenible para las generaciones futuras.