El programa de la Cooperativa Rural Merah Putih (KDMP), iniciado por el gobierno, está actualmente bajo la mira, especialmente en relación con la ambiciosa meta de establecer 81.738 unidades de cooperativas en todos los rincones de los pueblos y distritos. Con una asignación de préstamos de entre 3.000 y 5.000 millones de rupias por unidad, este programa se proyecta como el mayor instrumento fiscal para dinamizar la economía rural. Sin embargo, esta gran ambición se enfrenta ahora a realidades operativas complejas, especialmente cuando se exige a las cooperativas incursionar en el sector minorista.
El principal problema radica en la preparación gerencial y tecnológica. El sector minorista moderno no es simplemente una actividad de transacciones convencionales, sino un ecosistema que depende de la eficiencia de la cadena de suministro, los sistemas ERP y la automatización de datos en tiempo real. La ventaja operativa de los gigantes minoristas actuales es el resultado de más de dos décadas de inversiones acumuladas en sistemas. Sin una preparación adecuada del talento humano y una infraestructura digital equivalente, la KDMP corre el riesgo de enfrentar serios desafíos para mantener la rentabilidad en medio de márgenes estrechos.
Además, el enfoque de creación institucional masiva antes de identificar las necesidades reales a nivel local se considera inadecuado. De acuerdo con la Ley Número 25 de 1992, la esencia de una cooperativa debe surgir del voluntariado y de las necesidades de sus miembros, y no al revés. Los datos del Ministerio de Cooperativas y Pymes de 2023, que registraron que el 51 por ciento de las cooperativas estaban inactivas, sirven como una seria advertencia de que la expansión institucional sin una base sólida tiene el potencial de generar nuevas distorsiones económicas.
Para que este programa tenga un impacto positivo y sostenible en la comunidad, se requiere un cambio de estrategia. Se aconseja a los gobiernos locales realizar auditorías de viabilidad para la KDMP antes de ingresar al sector minorista. Los modelos de asociación, en los que las cooperativas actúan como subdistribuidores o agregadores de productos locales, se consideran más realistas que competir directamente con minoristas ya establecidos.
La diversificación de los negocios también es clave. La asignación de los fondos existentes debería orientarse hacia sectores acordes con el potencial local, como instalaciones de procesamiento poscosecha, almacenamiento o almacenamiento en frío, en lugar de forzar simplemente un modelo de minimercado. En última instancia, el éxito de la economía rural dependerá de la capacidad de gestión y de la confianza de los miembros, y no solo de la presencia física de las unidades cooperativas mediante la mera protección regulatoria.