La Federación Italiana de Fútbol (FIGC) habría llegado a un acuerdo con la leyenda del fútbol, Andrea Pirlo, para asumir el cargo de nuevo seleccionador de la selección de Italia. Esta rápida medida se tomó después de que los esfuerzos de la FIGC por tentar a Pep Guardiola llegaran a un callejón sin salida. No obstante, el camino de Pirlo hacia el banquillo de la Azzurra fue recibido de inmediato por una controversia política bastante compleja.
Actualmente, Pirlo sigue al frente del club de los Emiratos Árabes Unidos, United Dubai FC. Sin embargo, el director técnico de la FIGC, Paolo Maldini, junto con el asesor del equipo, Leonardo, habrían contactado directamente a Pirlo para ofrecerle el puesto estratégico. El agente de Pirlo, Tullio Tinti, se encuentra finalizando la rescisión de su contrato con su antiguo club para facilitar el traslado de la leyenda a la selección nacional, cuyo anuncio oficial está previsto para el próximo martes.
Detrás de la fluidez de las negociaciones técnicas, el nombramiento de Pirlo ha desatado tensiones en la escena política nacional italiana. El ex elegante centrocampista está bajo una lupa crítica debido a su condición de embajador global de Fonbet, una empresa de apuestas rusa. Esta cooperación comercial también incluye la promoción de actividades deportivas rusas afiliadas al ministerio de deportes local, una relación que tiene sus raíces en el propietario del United Dubai FC, Sergey Lomakin.
Varios políticos en Roma han expresado firmes objeciones a este nombramiento. El parlamentario del Partido Demócrata, Mauro Berruto, instó a Pirlo a poner fin de inmediato a dicha relación de patrocinio, argumentando que el cargo de seleccionador nacional exige una alta integridad moral y ejemplaridad pública. Coincidiendo con Berruto, el líder del partido Azione, Carlo Calenda, enfatizó que una figura afiliada a la propaganda rusa tras la invasión de Ucrania en 2022 no debería ocupar un cargo de representación estatal.
Esta situación coloca al presidente de la FIGC, Giovanni Malagò, en una posición dilemática. Por un lado, debe calmar la creciente tensión política, mientras que, por el otro, la decisión del nombramiento de Pirlo es administrativamente definitiva y cuenta con el pleno respaldo de los altos cargos técnicos de la federación.