El temor a una posible interrupción unilateral del acceso tecnológico por parte de los Estados Unidos (EE. UU.) está impulsando a los países europeos a acelerar las medidas para lograr la soberanía tecnológica digital. Este problema, conocido como el mecanismo de kill switch, ha despertado una profunda conciencia en el continente europeo sobre los riesgos de una alta dependencia de proveedores tecnológicos extranjeros. Se considera que dicha dependencia es vulnerable a ser explotada en caso de que las relaciones geopolíticas y diplomáticas entre ambas regiones se deterioren en el futuro.
La tecnología digital moderna se ha convertido hoy en el eje central de varios sectores vitales en Europa, que van desde los sistemas gubernamentales, los servicios bancarios, las operaciones hospitalarias y la seguridad energética hasta la infraestructura de comunicación global. La mayor parte de esta infraestructura crítica depende actualmente en gran medida de la computación en la nube (cloud computing), la inteligencia artificial (IA), el software empresarial y el suministro de chips semiconductores dominados por los gigantes tecnológicos estadounidenses.
El concepto de kill switch que preocupa a Europa no es un único botón físico que pueda apagar instantáneamente todo el ecosistema digital. La amenaza más real es la capacidad del gobierno o de las corporaciones estadounidenses para cortar el acceso al servicio de manera unilateral mediante instrumentos legales y técnicos. Esto incluye la aplicación de normas de exportación, la cancelación de licencias de software, la suspensión de cuentas en la nube (cloud), el cese de actualizaciones de seguridad y el bloqueo de servicios basados en servidores ubicados en territorio estadounidense.