Cinco gigantes tecnológicos de los Estados Unidos (Alphabet, Amazon, Meta Platforms, Microsoft y Oracle) están adoptando una estrategia de alto riesgo al duplicar su carga de deuda. En los últimos cinco años, estas cinco empresas han acumulado una deuda colectiva de 350.000 millones de dólares para financiar la construcción de una infraestructura de inteligencia artificial (IA) a gran escala.
Esta inversión masiva está destinada a construir centros de datos proyectados como la columna vertebral de los ingresos futuros. Sin embargo, este afán de expansión empieza a despertar escepticismo entre los inversores. La respuesta de mercado relativamente fría a la reciente emisión de bonos de Amazon por valor de 25.000 millones de dólares es un fuerte indicio de que la confianza de los inversores en la sostenibilidad del gasto en IA empieza a tambalearse.
El impacto financiero de esta política empieza a ser evidente en los balances de cada compañía. A lo largo de 2025, el gasto por intereses combinado de las tres entidades se disparó hasta superar los 10.000 millones de dólares, más del doble de la cifra registrada en 2019. S&P Global Ratings incluso rebajó la calificación de la deuda de Oracle al nivel más bajo dentro de la categoría de grado de inversión debido a la creciente carga del gasto en infraestructura.
El analista de DA Davidson, Gil Luria, destacó un cambio fundamental en el modelo de negocio de las empresas tecnológicas globales actuales. En su opinión, la transición hacia la dependencia de la infraestructura de IA ha ejercido una presión significativa sobre el flujo de caja, obligando a las empresas a operar bajo cargas operativas mucho más pesadas que antes.
Por otro lado, los líderes corporativos mantienen un fuerte optimismo sobre las perspectivas de estas inversiones. El director ejecutivo de Amazon, Andy Jassy, confía en que la monetización de dicha infraestructura se desarrollará sin problemas, en consonancia con el firme compromiso de los clientes con los servicios de computación en la nube. En la misma línea, Mark Zuckerberg de Meta insistió en que la demanda del mercado de capacidad de computación de IA sigue superando con creces la oferta actual.
A pesar de que se mantiene la visión a largo plazo, los movimientos de las cotizaciones bursátiles en los mercados de capitales envían una señal diferente. Hasta la fecha, la mayoría de estas empresas —a excepción de Alphabet— han registrado un rendimiento bursátil inferior al del índice S&P 500, lo que refleja las profundas dudas de los participantes del mercado sobre la rapidez del retorno de la inversión de sus ambiciones en IA.