Las relaciones bilaterales entre Estados Unidos y China se han vuelto a tensar a raíz de las acusaciones de "hegemonía en inteligencia artificial (IA)" lanzadas por Pekín contra Washington. Esta tensión se desencadenó por las acusaciones de EE. UU. de que la startup china Moonshot AI utilizó técnicas de destilación para imitar el modelo de IA Claude Fable 5 de la firma estadounidense Anthropic. En respuesta a estas acusaciones, el Ministerio de Comercio de China afirmó su disposición a tomar contramedidas para proteger sus intereses nacionales.
El gobierno de los Estados Unidos, a través del Director de Política Científica y Tecnológica de la Casa Blanca, declaró que dispone de pruebas sólidas sobre el presunto plagio. Como consecuencia, el secretario del Tesoro de EE. UU., Scott Bessent, insinuó la posibilidad de aplicar sanciones comerciales e incluir a la empresa china en la Lista de Entidades (Entity List). Por otro lado, Pekín no se queda de brazos cruzados y está redactando una nueva normativa que permitirá a la fiscalía local demandar a entidades e individuos extranjeros que se considere que perjudican los intereses nacionales de China.
Esta escalada geopolítica se produce en medio de una desaceleración significativa de la economía nacional china. Datos recientes muestran que la producción de diésel y asfalto en la nación de la Cortina de Bambú ha caído a su nivel más bajo en más de una década, lo que indica debilidad en los sectores locales de la construcción y el sector inmobiliario. El debilitamiento de la demanda de energía por parte de Pekín también ha presionado a la baja los precios mundiales del petróleo, aunque la incertidumbre sobre el suministro en el estrecho de Ormuz sigue planeando sobre el mercado global.
Esta competencia tecnológica se ha extendido ahora al sector de la defensa. El Departamento de Defensa de EE. UU. (Pentágono) ha comenzado a endurecer las normas prohibiendo el uso de componentes chinos en sus drones militares, ante el temor de quedarse rezagados respecto a la producción de Ucrania. Se prevé que este paso hacia la fragmentación de la cadena de suministro interrumpa la distribución de chips semiconductores, baterías y diversos componentes electrónicos vitales a escala global.
Para la economía de Indonesia, el impacto de la disputa entre estos dos gigantes debe anticiparse con seriedad. El sentimiento de aversión al riesgo (risk-off) tiene el potencial de debilitar el tipo de cambio de la rupia frente al dólar estadounidense y desencadenar salidas de capital (capital outflow) del mercado financiero nacional, lo que podría presionar al Índice Compuesto de Yakarta (JCI). Además, se espera que la caída de la actividad industrial en China reduzca el volumen de exportación de las principales materias primas de Indonesia, como el carbón, el níquel y el aceite de palma crudo (CPO).
En el sector tecnológico, las restricciones a la exportación de chips y modelos de IA por parte de EE. UU. podrían complicar y encarecer el acceso a la tecnología del futuro para las industrias del país. Esta situación exige que la Autoridad de Servicios Financieros (OJK) y el Ministerio de Comunicación y Digital sean cautelosos al formular regulaciones locales sobre el uso de la IA. En las próximas semanas, el mercado estará atento a la materialización de las sanciones de EE. UU., al desarrollo de la legislación sobre leyes extranjeras en China y a las posibles restricciones a la exportación de minerales de tierras raros por parte de Pekín como medida de represalia.