La encefalitis japonesa, una infección provocada por un virus de la familia Flavivirus, sigue siendo una seria amenaza para la salud en la región de Asia. Esta enfermedad se transmite a través de la picadura de mosquitos Culex, que generalmente se reproducen en abundancia en arrozales, estanques y granjas ganaderas. Aunque muchas personas infectadas no presentan síntomas clínicos graves, una de cada 250 personas expuestas corre el riesgo de sufrir complicaciones fatales en el sistema nervioso central.

Hasta la fecha, no existe una terapia específica para curar la encefalitis japonesa. El manejo médico en los hospitales se centra más en los cuidados de apoyo y en los esfuerzos por minimizar el daño cerebral permanente. Datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS) señalan que cada año se registran aproximadamente 67.900 casos en todo el mundo, con una tasa de mortalidad que alcanza el 30%. Trágicamente, quienes logran sobrevivir a menudo deben enfrentar secuelas a largo plazo, como epilepsia, pérdida de memoria y trastornos del comportamiento.

Un caso real reciente ocurrido en Vietnam sirve como un firme recordatorio para los padres. Un adolescente de 14 años tuvo que ser ingresado en cuidados intensivos con asistencia respiratoria debido a la encefalitis japonesa. Irónicamente, consta que el paciente había recibido la inmunización básica, pero omitió el calendario de vacunación de refuerzo. Una situación similar vivió un niño de 13 años en Hanói, lo que demuestra que la inmunidad corporal puede disminuir drásticamente con el tiempo si no se acompaña de dosis de refuerzo.

Los expertos médicos explican que muchos padres tienden a ignorar la importancia de las dosis de refuerzo después de completar la inmunización primaria. Sin embargo, las inyecciones periódicas cada 3 a 5 años hasta que el niño cumpla 15 años son fundamentales para mantener la protección del organismo. Este descuido crea una brecha de inmunidad que deja a los niños vulnerables a la infección viral a pesar de haber sido vacunados en la infancia.

Además de cumplir estrictamente con el calendario de vacunación según la recomendación médica, se insta a la población a no bajar la guardia en la aplicación de medidas preventivas individuales. Dado que el pico de propagación de este virus ocurre entre mayo y septiembre, el uso de mosquiteros al dormir, mantener la limpieza ambiental para evitar criaderos de mosquitos y brindar protección adicional a los niños son medidas preventivas indispensables.