El monte Kawi, conocido públicamente desde hace mucho tiempo a través de relatos espirituales y místicos, resultó haber albergado en su momento un impactante misterio natural. A principios de 1884, específicamente durante la noche del 3 al 4 de enero, un ciudadano holandés afirmó haber presenciado un fenómeno visual extremadamente inusual mientras observaba la montaña a lo lejos.

El testimonio publicado en la edición del 13 de enero de 1884 del periódico De Oostpost describe una experiencia difícil de comprender. El observador relató que alrededor de medianoche escuchó un estruendo diferente al flujo de agua común, seguido por la aparición de una niebla grisácea sobre la montaña. La situación cambió drásticamente cuando la montaña pareció quedar envuelta en una "columna de fuego" sumamente brillante.

El testigo presencial detalló la presencia de unos 50 haces de luz que se proyectaban desde un punto central en varias direcciones a una gran distancia. El fenómeno duró más de 30 segundos, una duración que consideró imposible atribuir a un rayo común. Incluso comparó el espectáculo con un espectáculo pirotécnico gigante que lanzaba destellos de fuego hacia todos los rincones del cielo.

A pesar de haber quedado atónito, el observador intentó mantener la objetividad y se negó a vincular el suceso con elementos mágicos. Asumió que el fenómeno estaba relacionado con procesos naturales, como la liberación de gases, fosforescencia o fenómenos eléctricos atmosféricos no explicados en su época.

Más de un siglo después, este registro histórico sigue siendo un documento raro que ofrece una perspectiva diferente sobre el monte Kawi. Independientemente de los debates sobre su causa científica, el escrito demuestra que la zona posee una historia de fenómenos naturales capaces de desafiar la lógica de los observadores de la época.