La nueva actividad eruptiva registrada en el monte Anak Krakatoa el domingo (5/7/2026) ha despertado la memoria colectiva de las comunidades costeras de la regencia de Serang, Banten. Aunque no se han producido impactos físicos significativos tras la erupción, la sombra de la tragedia del tsunami del estrecho de Sonda de hace ocho años sigue rondando en la mente de los habitantes locales.
Ebi, residente del pueblo de Pasauran, en el distrito de Cinangka, relató que plumas de humo más densas de lo habitual despertaron la inquietud de los vecinos. Para quienes viven en la orilla del mar, cualquier indicio de mayor actividad volcánica recuerda la amenaza potencial de un desastre que ya devastó la economía y el turismo de la región en 2018.
Como medida de precaución, las comunidades cercanas al distrito de Cinangka están ahora más atentas a las medidas de seguridad. Se tiene constancia de que el gobierno local ha habilitado cuatro rutas de evacuación que se extienden desde el pueblo de Pasauran hasta la aldea de Tancang, en el pueblo de Bulakan. Asimismo, la población ha recibido capacitación sobre el uso de sirenas de alerta temprana como parte de la mitigación de desastres.
Sin embargo, los residentes esperan que las autoridades no se limiten a la infraestructura física. Consideran fundamental ofrecer formación periódica e intensificar las campañas de concienciación sobre mitigación para garantizar la preparación comunitaria. Además, proponen la reordenación de la zona costera como barrera natural que minimice el impacto del oleaje en caso de futuros desastres.
El trauma que sufren los habitantes no es en vano, pues el tsunami de 2018 paralizó la actividad económica local, afectando especialmente a comerciantes turísticos y pescadores de la zona. A día de hoy, la recuperación del área sigue marcada por la incertidumbre de la actividad volcánica, lo que convierte a la alerta constante y la mitigación continua en aspectos vitales para la comunidad costera.