Una encuesta global de 2025 realizada por la empresa de comunicación Edelman muestra un preocupante cambio en los patrones de comportamiento de las generaciones más jóvenes. Hasta un 45 por ciento de los encuestados de entre 18 y 34 años prefiere confiar en los consejos de salud de amigos o familiares, mientras que otro 38 por ciento confía abiertamente más en el contenido de las redes sociales que en las opiniones profesionales de los médicos.
Los profesionales médicos se están tomando este fenómeno muy en serio. El Dr. Olalekan Otulana, médico general de Cassiobury Court, observó que hoy en día los pacientes jóvenes tienden a acudir a las clínicas con creencias preestablecidas basadas en el contenido que consumen en plataformas como TikTok o Instagram. Esta situación suele complicar el proceso de diagnóstico, ya que los pacientes ya están influenciados por afirmaciones que carecen de base científica.
El principal riesgo de esta tendencia es la propagación masiva de desinformación. Según una investigación de la Facultad de Medicina Pritzker de la Universidad de Chicago, alrededor del 44 por ciento de los videos de salud en TikTok contienen información que no es real. La mayor parte de este contenido engañoso es producido por creadores no médicos que tienen un gran número de seguidores pero carecen de una comprensión profunda de los procedimientos médicos adecuados.
El impacto negativo de esta dependencia ya se está sintiendo en la práctica. El Dr. Charles Carlsen, de DRSONO Medical, reveló que muchos pacientes retrasan el tratamiento médico de enfermedades graves por confiar en información errónea de internet. El impacto no se limita a un autodiagnóstico incorrecto, sino también a retrasos en el tratamiento que pueden resultar fatales.
Para hacer frente a este desafío, autoridades sanitarias como el Servicio Nacional de Salud (NHS) del Reino Unido están empezando a tomar medidas proactivas involucrándose directamente en las redes sociales. Se espera que esta estrategia sirva de contrapeso al flujo de información, al tiempo que anima a los profesionales sanitarios a ser más activos en la educación basada en evidencias en las plataformas digitales para que el público no caiga en terapias alternativas no comprobadas.