Según los informes, dos aviones de combate sigilosos F-35 de la Marina Real británica interceptaron con éxito un avión de patrulla marítima ruso Bear-F en la región del mar de Noruega. Esta medida firme se tomó después de que se detectara que la aeronave rusa volaba demasiado bajo y se aproximaba de manera insegura hacia el portaaviones HMS Prince of Wales, que participaba en una misión de la OTAN.

El Ministerio de Defensa del Reino Unido reveló que el avión ruso llegó a lanzar diez sonoboyas —dispositivos sensores para detectar submarinos— en las aguas circundantes. A pesar de los repetidos intentos de contacto a través de frecuencias internacionales, la tripulación rusa no ofreció respuesta alguna, lo que motivó el despliegue de los cazas para alejarlos del grupo de combate del portaaviones.

Este incidente aumenta la tensión en medio de las advertencias de altos mandos militares británicos sobre amenazas a la seguridad que se encuentran en su nivel más alto desde la época de la Guerra Fría. El ministro de Defensa británico, Dan Jarvis, subrayó la importancia de la presencia de la OTAN en la región como medida preventiva frente a las provocaciones rusas, consideradas cada vez más agresivas en diversos ámbitos, desde el marítimo hasta el ciberespacio.

El suceso en el mar de Noruega ocurre en medio de un intenso debate interno en el Reino Unido sobre la política de inversión en defensa nacional. El gobierno, que atraviesa una transición política, se encuentra bajo una gran presión para aumentar el presupuesto militar con el fin de anticiparse a las amenazas a la seguridad global que, según las previsiones, seguirán aumentando hasta 2030.