Mantener la condición física suele plantear un dilema cuando la salud decae. Algunas personas dudan entre continuar con su rutina de ejercicios o elegir el descanso total para recuperarse. Ignorar las señales del cuerpo y forzarse a entrenar estando enfermo puede empeorar la infección y retrasar el tiempo de curación.
La Dra. Heather Rainey, MD, especialista en medicina deportiva de la Cleveland Clinic, subraya que, por lo general, no se recomienda hacer ejercicio cuando el cuerpo no se encuentra bien. Además de debilitar el sistema inmunitario que combate la enfermedad, forzar la actividad física intensa puede provocar lesiones musculares y prolongar la recuperación, además de propagar virus si se realiza en instalaciones públicas.
Como guía práctica para el público, la Dra. Rainey presenta el método "neck check" (revisión del cuello). Este sencillo método divide los síntomas de la enfermedad en dos áreas principales para determinar si es seguro realizar actividad física.
Si los síntomas se limitan a la zona por encima del cuello, como congestión nasal o un resfriado leve sin fiebre, sigue siendo relativamente seguro continuar con la actividad física. No obstante, la intensidad del entrenamiento debe reducirse al 50 por ciento del nivel habitual. Los ejercicios recomendados pasan a ser actividades ligeras como caminar a paso ligero o hacer yoga, evitando el entrenamiento con pesas pesadas o el cardio de alta intensidad.
Al contrario, si los síntomas se extienden por debajo del cuello o son sistémicos (como fiebre alta, dificultad para respirar, náuseas, diarrea o dolores musculares generalizados), se debe interrumpir el ejercicio por completo. En este estado, el cuerpo necesita concentrar toda su energía en combatir la infección, por lo que el descanso total es una opción obligatoria para la seguridad médica del paciente.