Abrirse camino en el mundo de los negocios culinarios en medio de una competencia cada vez más feroz no es tarea fácil. Ria Tampubolon, propietaria de Rumah Kesiangan, demuestra que el éxito en este sector no depende únicamente del capital, sino de la firmeza para mantener la calidad y la confianza de los clientes. En una charla en el programa "UMKM Bicara" de RRI Samarinda, explicó cómo el principio de la consistencia se ha convertido en el pilar fundamental de su negocio.

La trayectoria profesional de Ria es singular: comenzó como locutora de radio en Samarinda en la década de los 90 y luego optó por dedicarse por completo al hogar. La pandemia de COVID-19 fue el punto de inflexión que la obligó a reinventarse para sostener la economía familiar. Desde vender pasteles hasta pollo troceado, inició su negocio desde cero. A pesar de enfrentarse a la bancarrota en un momento dado, el apoyo de su familia y de la comunidad de micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES) fue el motor que la impulsó a levantarse y consolidar el concepto de Rumah Kesiangan.

Para Ria, la integridad al servir cada plato es innegociable. Se niega a reducir la calidad de las especias o de las materias primas, incluso ante el alza de precios de los productos básicos en el mercado. Para ella, los clientes son los jueces más honestos, capaces de notar de inmediato el más mínimo cambio en el sabor de sus platos estrella, como la mandíbula de atún a la parrilla (Rahang Tuna Bakar), el pollo a la parrilla Taliwang (Ayam Bakar Taliwang) o el Arsik de carpa (Arsik Ikan Mas).

Su estrategia de supervivencia no consiste en aumentar los precios de venta de forma impulsiva, sino en implementar una gestión operativa inteligente y eficiente. Ria prefiere ajustar la composición del menú para que siga siendo rentable sin sacrificar los estándares de sabor. En su opinión, la confianza del cliente es un activo a largo plazo mucho más valioso que una ganancia momentánea.

La historia de Ria Tampubolon ofrece una valiosa lección para los pequeños empresarios: el fracaso es solo parte del proceso de aprendizaje. Con trabajo duro, honestidad e innovación constante, un negocio culinario casero puede sobrevivir y convertirse en un actor respetado en un entorno económico dinámico.