En medio del auge de las tendencias de fitness que exigen un rendimiento rápido e intenso, surge una contracorriente desde Corea del Sur. Sus habitantes están empezando a adoptar un estilo de vida de 'correr despacio', conocido popularmente como el niko niko pace: un método de carrera que se realiza a una velocidad relajada, en la que el corredor todavía es capaz de conversar y sonreír sin quedarse sin aliento.
En realidad, este método no es un descubrimiento nuevo. El concepto fue introducido por primera vez por el fisiólogo del ejercicio japonés Hiroaki Tanaka en la década de 1980. Tanaka argumentaba que muchas personas no logran mantener el hábito del ejercicio porque comienzan con una intensidad demasiado alta y tortuosa. Por el contrario, correr despacio está diseñado para que el cuerpo pueda moverse de manera constante a largo plazo sin sobrecargar las articulaciones ni el sistema cardiovascular.
Médicamente, los beneficios de correr despacio están respaldados por diversas investigaciones. Un estudio en el Journal of the American College of Cardiology demostró que los corredores de intensidad ligera a moderada tienen tasas de mortalidad más bajas que aquellos que se esfuerzan por realizar carreras intensas. El experto de la Universidad Anglia Ruskin, Dan Gordon, explicó que el entrenamiento en esta 'zona 2' es capaz de optimizar la salud molecular, aumentar la densidad mitocondrial y mejorar la resistencia a la insulina.
Este cambio cultural es la antítesis del fenómeno de la 'aceleración social' propuesto por el sociólogo Hartmut Rosa. En la era moderna, los seres humanos tienden a quedar atrapados en la obsesión por los números y los datos generados por dispositivos tecnológicos, como los relojes inteligentes que miden constantemente cada paso y ritmo cardíaco. El deporte, que debería ser un medio de relajación, a menudo se convierte en una competencia que desencadena nuevas presiones físicas y mentales.
A través de este movimiento, correr ya no se ve como una carrera para batir récords personales o superar a los demás. En lugar de buscar una velocidad que estimule la adrenalina, correr despacio ofrece un espacio para que los seres humanos redescubran el equilibrio de la vida. El mensaje principal es claro: en muchos aspectos de la vida, incluida la salud, correr más rápido no es garantía de alcanzar una mejor calidad de vida.