La industria aeroespacial mundial fue testigo de un nuevo hito después de que China lograra recuperar con éxito la primera etapa del cohete Long March 10B el pasado 10 de julio. Este éxito se logró mediante un método único que utiliza un sistema de redes en una plataforma flotante en alta mar, un enfoque innovador que lo diferencia de la tecnología de aterrizaje vertical con patas popularizada por SpaceX.
El vuelo de prueba, que despegó desde el Centro de Lanzamiento Espacial Comercial de Hainan, se desarrolló sin contratiempos; el propulsor del cohete regresó con éxito a la Tierra y fue capturado con precisión por una red de rescate en la plataforma marina llamada Linghangjia. Esta tecnología se basa en un sistema de posicionamiento dinámico DP2 y sensores LiDAR automáticos, lo que permite que todo el proceso de aterrizaje se realice sin intervención humana.
Los ingenieros de la Academia de Tecnología de Vehículos de Lanzamiento de China explicaron que el uso de ganchos y redes está diseñado para simplificar la estructura del cohete. Al eliminar la necesidad de patas de aterrizaje convencionales, se reduce el peso del cohete, lo que aumenta significativamente la capacidad de carga útil en órbita y, en última instancia, reduce drásticamente los costos operativos de lanzamiento.
Este éxito posiciona a China como el segundo país, después de Estados Unidos, en dominar la tecnología de reutilización de propulsores de cohetes orbitales. Este paso estratégico se considera un gran impulso para las ambiciones espaciales de Pekín para 2030, al tiempo que refuerza su competitividad en el despliegue de satélites comerciales a gran escala y futuras misiones lunares tripuladas.
En medio de una competencia tecnológica cada vez más reñida, este logro confirma que China ha logrado reducir la brecha tecnológica espacial con Estados Unidos. A través de esta innovación, se prevé que aumente la frecuencia de los lanzamientos espaciales, abriendo una nueva era para un acceso al espacio más asequible y eficiente.