La fiebre del slow jogging o carrera suave está arrasando actualmente entre la población de Corea del Sur. A diferencia del running convencional que exige una velocidad elevada, este método de ejercicio prioriza un ritmo lento y relajado, lo que lo convierte en la opción favorita para personas de todas las edades, desde principiantes hasta adultos mayores.

Basado en sus principios fundamentales, el slow jogging es una actividad de carrera de baja intensidad. Esta técnica se centra en zancadas cortas, un apoyo suave con la parte media o delantera del pie y en mantener una postura corporal relajada. Este enfoque está diseñado específicamente para mejorar la salud cardiovascular y, al mismo tiempo, reducir al mínimo el riesgo de lesiones en las articulaciones.

La popularidad de esta tendencia en el País de la Calma Matutina está impulsada por las ajetreadas rutinas diarias de la población urbana. Al no requerir equipos especiales ni largas sesiones de entrenamiento, el slow jogging se puede practicar fácilmente en parques urbanos, aceras o en los alrededores de la vivienda en medio de la rutina diaria.

Desde el punto de vista médico, esta actividad física de baja intensidad tiene un impacto significativo en la salud del cuerpo. Todd Buckingham, profesor de ciencias del deporte y corredor activo, explicó que correr a un ritmo lento estimula la formación de nuevos capilares sanguíneos. Este proceso facilita la distribución eficiente de oxígeno a los músculos.

Además, se ha demostrado que este entrenamiento de resistencia aumenta la cantidad de mitocondrias, que actúan como los centros de producción de energía de las células musculares. Al aplicar de forma constante este método de entrenamiento, el cuerpo no solo obtiene beneficios óptimos para mantener la salud cardiovascular y la resistencia, sino que también ayuda a aliviar los niveles de estrés después de un largo día de actividades.